martes, 4 de agosto de 2009

Te soñé


Hoy soñé contigo. Parecería una frase hecha o un recurso linguístico muy utilizado en la poesía moderna. Pero sinceramente soñé contigo. Y no solamente contigo, si no que también, conmigo y que yo estaba abrazado a ti, besándote, y con la piel a flor de primavera.



Nicolás

sábado, 25 de julio de 2009

Angustia


Tengo las manos tiesas
y congeladas por el frio.
Los dedos me tiemblan
y mis labios tiritan
casi sin perder el compás.
Acurruco mis brazos
entre mi cuerpo
para paliar la rispidez del clima,
pero el frío se cuela
por entre los nudos del viejo pulóver
ya desvencijado por el tiempo.
Me acomodo el gorro
y miro presurosamente hacia delante
manteniendo la mirada firme
y la esperanza quieta.
sabiendo que el viento no iba a cesar
y que yo
seguiría manteniendo a esta plaza
como a un triste y frio hogar.
Nicolás

lunes, 20 de julio de 2009

La espera


Inspiro y expiro,
construyo un suspiro con tu imagen.
y fabrico palabras
con tu pelo.
Mis ojos se mantienen inertes
ante las miradas extrañas que pasan.
Y mis manos se refugian en mi saco
escondiéndose del frío.

Siento remordimientos
y miedos que recorren mi cuerpo.
Mientras mi boca amenaza
con quedar sin palabras
a la hora de verte,
y con borrar de mi mente
el léxico entero,
con tal de solo escuchar
tu respiración en mi oído.
Nicolás

domingo, 19 de julio de 2009

Duelo

La mesa de mi cuarto estaba llena de papeles. Se que debería limpiarla, o a lo sumo lo que uno dice “acomodar”. Pero olvidé las estructuras en algún lado que no recuerdo.
Para colmo, el viento, se cuela por la ventana y sin pedir permiso me vuela las hojas ya de por sí desordenadas. Por dentro puteo y maldigo, pero sé que echarle la culpa a este sería una locura.
-¡Una locura!
-¿Cómo voy a echarle la culpa de mis desgracias a este fenómeno climatológico?
Por dentro me reía ya conciente de que la culpa era mía y absolutamente toda mía. Que debía en forma urgente decidir que iba a hacer con todos esos escritos que pedían a gritos un digno lugar para el descanso a merced de la intemperie y los posibles derroches de infusiones.
¿Quién diría que un domingo me encontraría aquí encerrado debatiendo conmigo mismo? Pensé en todo aquello que cancelé por acomodar una mísera mesa (por que ni siquiera el cuarto debía acomodar) y volví a tentarme con una de esas risas de nervios que son inevitables. Dejé de ir a la plaza a leer el periódico o charlar con aquella dama que supongo me arroja flores de vez en cuando, cancelé un partido con los muchachos que hacía tiempo no los veía y como para ponerle la frutilla al postre me recluí en casa y tomé esta mísera tarea del hogar como una cuestión casi patriótica.
Las horas pasaban y el día oscurecía, y fue allí cuando comprendí que el problema no era la mesa desacomodada. Ni si quiera el viento que soplaba por la ventana. El problema era que aquellas hojas, que desordenadas ocupaban todo el mueble de roble, me rememoraban a ti…a mi y a nosotros.
Quizás (y seguro que fue así) busqué agentes externos a quien inculpar del desorden o excusas para no ordenar los manuscritos y las fotos. Pero se que tarde o temprano debía hacerlo y que mas allá de mi actitud, de guardarlos o dejarlos sobre una mesa tú ya no volverias.
Una lágrima se escapó de mis ojos y un suspiro de mi boca.
Tomé una caja y guardé cada uno de los papeles, cada una de las fotos y cada uno de los recuerdos, para quizás, no abrirla nunca más.
La mesa al fin quedó ordenada. Y yo, un poco mas tranquilo, me fui a dormir.


Nicolás

sábado, 18 de julio de 2009

A esa mujer...



Mírame...

...y Prométe que si atrevo besarte

no vas a esquivarme,

como si la densidad de nuestras almas

fueran tan distintas
como para no fundirse en una.

Sonríeme…

y prométe que si en mi afán de conquistarte

mis manos tratan de abrazar

la aurora de tu cuerpo,

no escatimarás en besos ni en caricias.


Nicolás

jueves, 16 de julio de 2009

Sueño nocturno

Cada noche,
mientras miro un fragmento del cielo
imagino que estás conmigo.
y aunque sea por un mínimo instante
engaño a la realidad


y me pongo a jugar con ella...
Juego a que bailamos y que reímos
y que disfrutamos de la vida


tanto como de nosotros mismos.

Cada noche, mientras mis ojos,
quedan inertes ante el crepúsculo
sueño que te tengo entre mis brazos…
Y bailamos…y cantamos….
y reímos …


y nos besamos.


Nicolás

miércoles, 15 de julio de 2009

Otoño


Otoño,
los árboles entran en letargo,
se desprenden de sus hojas,
y abandonan la ya conocida clorofila
por la no tan famosa xantofila
que es la dueña del amarillo de su cutis.
Otoño.
Bella estación para caminar por esas veredas de Buenos Aires
repletas de hojas de plátanos y jacarandás
que simulan ser un collage,
o sentarse, mejor, en un patio de alguna casona antigua de San Telmo
y jugar a la rayuela con Cortazar,
mientras de fondo, casi como un susurro musical de la escena,

suena un tango del Polaco Goyeneche.
Otoño,

Estación, la pobre, muy bastardeada por la prensa amarillista,

que se empecina en mostrarla como fría y descortés

cuando sin saberlo, se convierte en inspiración

de cuentos, canciones y poesías.

Pero déjalos a ellos que te critiquen,

nosotros sabemos que no siempre, las flores de la primavera,

igualan la dulzura de tu imagen desdeñada.


Nicolás

Insomnio


Dice un viejo diccionario amarillento que el insomnio es vigilia y desvelo. Dicen también los que saben que los diccionarios no mienten y seguro debe ser cierto. Ya llevo horas contando todo tipo de objetos para conciliar el sueño. Cualquier cosa viene bien a la hora de mantenerme despierto: libros, ovejas, letras, lápices o crayones.

Miro el techo y casi como un sobresalto olímpico de garrocha me levanto de mi cama y corro hacia el baño. Me observo al espejo y mis pupilas me confiesan que no desean dormirse, que prefieren seguir insomnes a la espera de tu llamado.

Vuelvo a mi cuarto y me siento en el sofá. Coloco mis manos entre mi cabeza, como muestra de desconsuelo, y fabrico un suspiro de tristeza. No llamas.

Como si fueran David y Goliat, mis párpados y mis ojos, se baten a duelo. Los párpados ya sin fuerza se entregan al placer onírico, mientras que mis ojos claman por permanecer firmes y despiertos como rulo de estatua. Los primeros son vencidos y el sueño, al final, gana la batalla.

Pero mas abajo, precisamente cerca del pecho, hay quien no se entrega y se mantiene despierto esperando que algún día no muy lejano decidas llamar...
Nicolás

martes, 14 de julio de 2009

Cronopios y famas


Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Atelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.
Julio Cortázar