
Otoño,
los árboles entran en letargo,
se desprenden de sus hojas,
y abandonan la ya conocida clorofila
por la no tan famosa xantofila
que es la dueña del amarillo de su cutis.
Otoño.
Bella estación para caminar por esas veredas de Buenos Aires
repletas de hojas de plátanos y jacarandás
que simulan ser un collage,
o sentarse, mejor, en un patio de alguna casona antigua de San Telmo
y jugar a la rayuela con Cortazar,
mientras de fondo, casi como un susurro musical de la escena,
los árboles entran en letargo,
se desprenden de sus hojas,
y abandonan la ya conocida clorofila
por la no tan famosa xantofila
que es la dueña del amarillo de su cutis.
Otoño.
Bella estación para caminar por esas veredas de Buenos Aires
repletas de hojas de plátanos y jacarandás
que simulan ser un collage,
o sentarse, mejor, en un patio de alguna casona antigua de San Telmo
y jugar a la rayuela con Cortazar,
mientras de fondo, casi como un susurro musical de la escena,
suena un tango del Polaco Goyeneche.
Otoño,
Otoño,
Estación, la pobre, muy bastardeada por la prensa amarillista,
que se empecina en mostrarla como fría y descortés
cuando sin saberlo, se convierte en inspiración
de cuentos, canciones y poesías.
Pero déjalos a ellos que te critiquen,
nosotros sabemos que no siempre, las flores de la primavera,
igualan la dulzura de tu imagen desdeñada.
Nicolás


No hay comentarios:
Publicar un comentario